El asesinato de Luisito une a la comunidad dominicana en Madrid

Por Dennise Cepeda

MADRID, España.- “Todos somos Luisito, luchemos”. Así reza un cartel pegado en una pared de la calle Topete esquina Carnicer, en el distrito de Tetuán de Madrid, España. Justo en ese lugar mataron, el pasado 20 de marzo, con dos tiros en la nuca, a Luis Carlos Polanco, un dominicano de 23 años conocido como Luisito.

Los familiares y vecinos piden justicia. El sábado próximo celebrarán una misa en la iglesia de La Altagracia, en Plaza España, y el domingo harán una vigilia por la avenida Bravo Murillo, partiendo desde la glorieta de Cuatro Caminos (barrio donde vive la mayoría de inmigrantes dominicanos).

“Nos tratan como ratas, porque somos negritos”, asevera un amigo de Polanco que no se identificó. A las 11:00 de la mañana del martes, el barrio estaba tranquilo. Las tiendas de productos alimenticios, peluquerías y locutorios estaban abiertos. Pero los dueños de los negocios estaban alerta ante la presencia de personas extrañas (fisgones, policías y periodistas) que frecuentaban el lugar.

Había dominicanos, ecuatorianos y españoles que transitaban la zona. Cada cinco minutos agentes de la policía patrullaban el sitio en moto o en carro. En los muros del barrio hay carteles por doquier con mensajes que condenan el asesinato del joven: “Matan a Luis, ni olvido ni perdón” “Seguratas asesinos”, “No más registros ilegales” y “Justicia”.

Uno de los amigos de la víctima, que no se identificó cuenta que el día del asesinato la policía registró a varios habitantes de Topete, pero no “al blanquito”, refiriéndose al presunto asesino de Polanco, José Luis Trejo Cozar, un guardia de seguridad español de 38 años.

La jueza de instrucción número 4 de Madrid ordenó prisión provisional para Rodríguez, quien compareció el miércoles ante el tribunal.

Sin mayor pretexto

En su declaración ante el tribunal, Trejo Cozar ratificó lo que ya había dicho en su declaración previa del domingo: salió a comprar cocaína, como lo hacía de forma regular, y al ver a dos individuos a lo que consideró “sospechosos” decidió volver a su casa por su arma de reglamento por su trabajo como agente de seguridad.

Más tarde, de vuelta en la calle, escuchó un ruido a sus espaldas y, sin mediar palabra, disparó.

Reclamos de justicia

En la acera de la esquina donde Luis fue asesinado se detenían amigos y curiosos. Allí los familiares y vecinos han colocado un altar en su nombre: velones rojos y blancos rodean una foto de Luisito, que también está abrazada por ramos de flores blancos y amarillos.

En el lado derecho de la foto hay un balón de fútbol blanco con el que Luisito solía jugar cuando visitaba la zona. Según su madre, Ana Mercedes Polanco, Luisito era un fanático del Real Madrid, del fútbol y le encantaba la bachata.

Encima de las velas, colgada en la pared, está la bandera dominicana. Debajo de ésta, una camiseta del Real Madrid.

El consejero delegado del Foro Social de Madrid, Oscar Iglesias, comentó en entrevista con la cadena Ser que en Tetuán, donde conviven más de 34,000 inmigrantes, entre ellos ecuatorianos, dominicanos y marroquíes, hay tensiones y problemas de convivencia que podrían generar inseguridad.

“Hay trapicheo de drogas, ruidos e incumplimiento de las normas”, detalló.

La presidenta de la asociación de vecinos de Cuatro Caminos y Tetuán, Carmen Miguez, consideró, sin embargo, que los problemas de convivencia pasan en todas las comunidades, que “es normal” y asegura que el asesinato de Polanco no va a degenerar en inseguridad.

Vida de migrante

Polanco llegó a Madrid “chavalito” (de siete años), según cuentan sus amigos. No vivía en Tetuán, sino en Gran vía (en el centro de la ciudad), pero solía visitar el barrio con frecuencia.

Allí se reencontraba con los suyos. Estaba desempleado. Tenía antecedentes de hurto y lesiones, según la policía. Y su novia Ariane, de 19 años, tiene ocho meses de embarazo (una niña).

“Nos juntábamos a comer quipe, pastelitos, a jugar billar; aquí hay locutorios para uno llamar a su gente, están los bares dominicanos. Nos reuníamos en la calle, por eso nos juzgan como delincuentes”, narra otro amigo de Luis.

El cadáver de Luisito está todavía en manos de las autoridades. Ariane desconoce el proceso judicial que se va a seguir. “Eso está en manos de los abogados”, dice. Pero de lo que sí está segura es de que “quiere justicia”.

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