El Juan Bosch de René

por Andrés L. Mateo

¡La historia es una maldita perra ramera! -me dije-, casi tomado hasta las lágrimas por la ira y la impotencia, oyendo los aplausos y vítores de quienes habíamos asistido a la premier del documental de René Fortunato “Juan Bosch: Presidente en la frontera imperial”.

Al Juan Bosch que todos conocimos, sus partidarios lo habían empequeñecido y domesticado, convirtiéndolo en cómplice de la reelección, volviendo inocentes sus diatribas contra los corruptos, pervirtiendo la cualidad histórica de su imagen.
¡Quién se iba a imaginar que los gobiernos del partido que él creó batieran todos los récords de corrupción de la historia republicana!

Él, cuyo liderazgo se levantó fundándose en el discurso didáctico, y en las lecciones sobre la libertad que su verbo de maestro sembraba día a día a través de sus charlas radiales.

Él, que nunca tenía un centavo en los bolsillos, y si alguien le pedía a la franca lo ponía en una situación embarazosa.

Cuya declaración de bienes hace más énfasis en lo que no tenía (“Declaro que no tengo bienes inmuebles de ninguna especie, ni cuentas bancarias, ni poseo fincas, ni joyas ni dinero en efectivo, etc”), porque hasta los muebles de la casa en que vivía siendo Presidente de la República, los había tomado a crédito, y los notarios que allanaron su casa, días después del golpe de estado, se quedaron anonadados al encontrar los recibos pendientes de pago por los modestos ajuares de la casa presidencial.

Ese Juan Bosch sepultado en la mirra y en el incienso oficialista, en el lujo y el despilfarro presidencial, en los homenajes melifluos de los perfectos canallas (¡Oh, Dios, Euclides Gutiérrez Feliz!), salió a la luz con el documental de René Fortunato.

No se pierde tan fácilmente la costumbre de la virtud, si ésta ha quedado tan auténticamente plasmada en la vida y en la palabra.

La talla de un signo. Ahí está el testimonio. El documental es, fotograma a fotograma, la construcción progresiva de una imagen eminentemente moral, antitética radical de la práctica del discipulado peledeísta.

Y los jóvenes dominicanos, y a quienes se les ha desdibujado su rostro puro, deberían correr a ver este documento histórico que hace surgir tronante, desde la dulce luz de la verdad, al verdadero Juan Bosch agigantado hasta la talla de un signo.

Contra la oligarquía reaccionaria, el clero conservador y el imperialismo norteamericano, prevalece su imagen de dignidad.
No hay una brizna de ambición material en su legado.

Por eso hoy, su valor de paradigma es sólo un discurso.

Y por eso, en el partido que él fundó, las ideas y los valores palidecen frente a la búsqueda individual y desesperada del dinero.

Fuente: http://www.clavedigital.com/App_Pages/opinion/Firmas.aspx?Id_Articulo=14043&Id_ClassArticulista=221

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